Los "errores" de economistas que provocan horrores de política económica

Reproducimos completo aquí una traducción de una nota a Paul Krugman que divulga un hecho reciente que no tuvo la suficiente repercusión: dos economistas muy escuchados por los hacedores de política en el mundo desarrollado, publicaron una investigación que influyó muy fuertemente en los planes de ajuste. Pero recientemente salió una "contra-investigación" que descubrió que dichos economistas habían cometido algunos infantiles "errores de cálculo"...¿faltan ideas, sobre ideología, o ambas a la vez? Usted elige.
Muy interesante para pensar y debatir el rol de los divulgadores y comunicadores, además del de los economistas.


Copiamos la nota de El País directa desde sin permiso (aclaración: cuando habla de "paro" y "parados" de refiere a "desempleo" y "desocupados"), aunque también está en Revista Circus otro comentario: 


La depresión del Excel
Paul Krugman
 
¿Puede un error en una hoja de cálculo haber destruido casi por completo la economía de Occidente?

En esta era de la información, los errores matemáticos pueden llevar al desastre. La Mars Orbiter de la NASA se estrelló porque los ingenieros olvidaron hacer la conversión a unidades del sistema métrico; el plan de la ballena de Londres de JPMorgan Chase salió mal en parte porque quienes hicieron los modelos dividieron por una suma en lugar de por una media. De modo que, ¿fue un error de codificación de Excel lo que destruyó las economías del mundo occidental? Esta es la historia hasta la fecha: a principios de 2010, dos economistas de Harvard, Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, divulgaron un artículo, Growth in a time of debt (Crecimiento en una época de endeudamiento), que pretendía identificar un umbral crítico, un punto de inflexión, para la deuda pública. Una vez que la deuda supera el 90% del producto interior bruto, afirmaban, el crecimiento económico cae en picado.
Reinhart y Rogoff tenían credibilidad gracias a un libro anterior admirado por todo el mundo sobre la historia de las crisis financieras, y el momento escogido era perfecto. El artículo se publicó justo después de que Grecia entrase en crisis y apelaba directamente al deseo de muchos funcionarios de virar del estímulo a la austeridad. En consecuencia, el artículo se hizo famoso inmediatamente; seguramente era, y es, el análisis económico más influyente de los últimos años.
El hecho es que Reinhart y Rogoff alcanzaron rápidamente un estatus casi sagrado entre los autoproclamados guardianes de la responsabilidad fiscal; la afirmación sobre el punto de inflexión se trató no como una hipótesis controvertida, sino como un hecho incuestionable. Por ejemplo, un editorial de The Washington Post de principios de este año advertía contra una posible bajada de la guardia en el frente del déficit porque estamos “peligrosamente cerca de la marca del 90% que los economistas consideran una amenaza para el crecimiento económico sostenible”. Fíjense en la expresión: “los economistas”, no “algunos economistas”, y no digamos ya “algunos economistas, a los que contradicen enérgicamente otros con credenciales igual de buenas”, que es la realidad.
Porque lo cierto es que el texto de Reinhart y Rogoff se enfrentó a críticas considerables desde el principio y la controversia aumentó con el tiempo. Nada más publicarse el artículo, muchos economistas señalaron que una correlación negativa entre la deuda y el comportamiento económico no significaba necesariamente que la deuda elevada fuese la causa de un crecimiento lento. Podría ocurrir perfectamente lo contrario, y que el mal comportamiento económico condujese a una deuda elevada. De hecho, este es evidentemente el caso de Japón, que se endeudó enormemente después de que su crecimiento se hundiese a principio de los noventa.
Con el tiempo, surgió otro problema: otros investigadores, usando datos de deuda y crecimiento aparentemente comparables, no fueron capaces de replicar los resultados de Reinhart y Rogoff. Lo habitual era que encontrasen cierta correlación entre la deuda elevada y el crecimiento lento (pero nada que se pareciese a un punto de inflexión en el 90% ni, de hecho, en ningún nivel concreto de deuda).Finalmente, Reinhart y Rogoff permitieron que unos investigadores de la Universidad de Massachusetts analizasen la hoja de cálculo original; y el misterio de los resultados irreproducibles se resolvió. En primer lugar, habían omitido algunos datos; en segundo lugar, emplearon unos procedimientos estadísticos poco habituales y muy cuestionables; y finalmente, sí, cometieron un error de codificación de Excel. Si corregimos estos errores y rarezas, obtenemos lo que otros investigadores han descubierto: cierta correlación entre la deuda elevada y el crecimiento lento, sin nada que indique cuál de ellos causa qué, pero sin rastro alguno de ese umbral del 90%.
En respuesta a esto, Reinhart y Rogoff han admitido el error de codificación, han defendido sus demás decisiones y han afirmado que nunca aseguraron que la deuda provoque necesariamente un crecimiento más lento. Esto es un tanto insincero porque repetidamente dieron a entender esa idea aunque evitasen formularla expresamente. Pero, en cualquier caso, lo que realmente importa no es lo que quisieron decir, sino el modo en que se ha interpretado su trabajo: los entusiastas de la austeridad anunciaron a bombo y platillo que ese supuesto punto de inflexión del 90% era un hecho probado y un motivo para recortar drásticamente el gasto público incluso con un paro elevadísimo.
Por eso debemos situar el fiasco de Reinhart y Rogoff en el contexto más amplio de la obsesión por la austeridad: el evidentemente intenso deseo de los legisladores, políticos y expertos de todo el mundo occidental de dar la espalda a los parados y, en cambio, usar la crisis económica como excusa para reducir drásticamente los programas sociales.
Lo que pone de manifiesto el asunto de Reinhart y Rogoff es la medida en que se nos ha vendido la austeridad con pretextos falsos. Durante tres años, el giro hacia la austeridad se nos ha presentado no como una opción sino como una necesidad. Las investigaciones económicas, insisten los defensores de la austeridad, han demostrado que suceden cosas terribles una vez que la deuda supera el 90% del PIB. Pero las investigaciones económicas no han demostrado tal cosa; un par de economistas hicieron esa afirmación, mientras que muchos otros no estuvieron de acuerdo. Los responsables políticos abandonaron a los parados y tomaron el camino de la austeridad porque quisieron, no porque tuviesen que hacerlo.
¿Servirá de algo que se haya hecho caer a Reinhart y Rogoff de su pedestal? Me gustaría pensar que sí. Pero preveo que los sospechosos habituales simplemente encontrarán algún otro análisis económico cuestionable que canonizar, y la depresión no terminará nunca.

Pequeñas cuestiones cambiarias


Las últimas semanas discutimos sobre cuestiones cambiarias, el rol del tipo de cambio en la política económica y la importancia de seguir la evolución del tipo de cambio real en una economía como la de la Argentina.
Hace muy poquito, en uno de los diarios más leídos del país un columnista tocó estos temas pero sin lograr identificar la importancia de identificar variables reales además de las nominales. 

A propósito del creciente flujo de turistas argentinos que salen del país, La Nación publica una nota con título "Deme 2, cuando el dinero rinde más afuera del país", en el que su autor en primer lugar califica al peso argentino como la moneda que "todos tratan de sacarse de encima", cuestión que atribuye a la inflación.
Pero luego el autor verifica que se incrementó año a año el ingreso de argentinos a EE.UU. en plan turístico, lo cual parece resultarle un evento de difícil explicación. De hecho, se pregunta textualmente,
"¿Cómo se explica que pese a tener una de las monedas más débiles de la región, seamos uno de los países con mayor tasa de crecimiento en cuanto a turistas que ingresan a los EE.UU. en los últimos años?

Lo curioso son las hipótesis que esgrime para explicar esta aparente contradicción: la "facilidad" con que los argentinos obtienen la visa de turista (cualquiera que haya hecho los trámites sabe que tal "facilidad" es bastante engorrosa y onerosa comparada con cualquier otra embajada del mundo), los descuentos en ropa y los paquetes turísticos que incluyen tours de compras.

Más allá de estas razones poco razonables, ¿cuál es el elemento importante para comprender esta dinámica? Precisamente, la distinción entre el tipo de cambio nominal y el tipo de cambio real, que marca que en los últimos años mientras que el dólar es cada vez "más caro" en términos de pesos (son necesario cada vez más pesos para comprar un dólar), sin embargo es cada vez más barato respecto de otros precios de la economía.
El ejemplo más asequible sobre esto son los salarios: dado que los salarios crecen más rápido que la depreciación -nominal- del peso, ello implica que medidos en dólares, los salarios también crecen. 




En el gráfico se advierte con claridad que durante el cuatrienio 2008-2012, el ritmo de incremento de salarios fue continuamente por encima del ritmo de aumento del tipo de cambio nominal (o depreciación). En promedio, para este período, los aumentos salariales fueron del 24% anual, mientras que el precio del dólar creció 9% anual. La diferencia entre ambas variables, entonces, es el registro de que los salarios medidos en dólares son también cada vez más altos (aunque crecen más lentamente que los salarios en pesos, debido al encarecimiento del dólar).

Ergo, volviendo a la nota de LN, esto significa que para una parte de la población, los gastos en el exterior se hacen más accesibles.

Imagínense que una brusca devaluación llevara el dólar a 12 pesos mañana mismo. Por mucha "facilidad" para tener la visa y por muchos tours de compras que existan, se reducirían drásticamente los paseos de los argentinos por el país del Norte. O imaginen una situacion de estancamiento, crisis y aumento del desempleo: viajarán sólo los pudientes.

Entonces, las razones de la aparente contradicción que el cronista destaca están relacionadas con algunas de las principales variables macroeconómicas: el tipo de cambio, los precios y los ingresos de la población. Ya vemos que no hay ninguna contradicción, sino que tiene que ver con la evolución diferencial del tipo de cambio nominal con el real.











Presentación: la economía argentina actual y sus desafíos


El CEFID-AR (Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina) invita a la presentación de un documento nuevo que elaboró su equipo de investigación acerca de la argentina de las posconvertibilidad. Acá abajo los datos del evento:

Tenemos el agrado de invitar a Ud. a la presentación del Documento de Trabajo N° 45
"EXPANSIÓN ECONÓMICA Y SECTOR EXTERNO EN LA ARGENTINA DE LOS AÑOS 2000: BALANCE Y DESAFÍOS HACIA EL FUTURO"
Autores:Fabián Amico, Alejandro Fiorito y María Agustina Zelada

Jueves 18 de abril 17:30hs

en nuestra nueva sede
San Martín 627 6to piso


Comentarios a cargo de:
Martín Abeles - CEPAL- Naciones Unidas (oficina Bs. As) -

           Aldo Ferrer - Profesor Emérito de la UBA-
           Hector Valle - Presidente de FIDE, Director de YPF -
                                          
                 Entrada libre y gratuita (no requiere inscripción previa)

                              Consultas a: informacion@cefid-ar.org.ar

otra charla sobre inflación en abril



La Facultad de Ciencias Económicas armó un seminario sobre inflación...parece que es el tema del momento nomás. Acá abajo las indicaciones:

Estimados,
Nos es grato invitarlos a la primer charla del Ciclo de Seminarios de Política Económica 2013 de la FCE-UBA, en la que se expondrá  "Todo lo que siempre quiso saber sobre inflación pero nunca se atrevió a preguntar" Roberto FRENKEL y Daniel HEYMANN entrevistados por Martín RAPETTI.
La misma se llevará a cabo el día miércoles 10 de Abril a las 19 hs. en el  Aula 212 (segundo piso).



Distribucion del ingreso: notas introductorias



La distribución del ingreso en un espacio económico y período determinado refiere a cómo es apropiada la riqueza (medida como el Producto Bruto Interno en un país) que genera esa economía por sus diversos agentes intervinientes, o coloquialmente cómo “se reparte la torta”, sin concentrarse en las modalidades del proceso de producción, aunque éste tiene influencia relevante.

El estudio de la apropiación de la riqueza en una economía tiene una importancia capital, a punto tal que uno de los fundadores de la economía política moderna, David Ricardo, planteaba que el objetivo central de la disciplina debía ser precisamente el análisis de la distribución entre las tres clases sociales: terratenientes, capitalistas y trabajadores. De hecho, en gran medida la inspiración para su libro Principios de Economía Política y Tributación (1817) fue la de demostrar que la clase terrateniente se apropia de riqueza que no contribuye a crear, "quitando" a los otros dos sectores sociales porciones de producto, y poniendo de esa manera el énfasis en la puja entre éstos.
Existen diferentes enfoques para medir y analizar la distribución del ingreso, cada uno de los cuales presenta ciertas ventajas y desventajas, por lo que un estudio integral sobre la desigualdad debería contemplar más de un método.
Entre los enfoques más usuales y extendidos, cada uno de los cuales contiene una serie de indicadores cuantitativos asociados, están la distribución personal y la distribución funcional.

Distribución personal

La distribución personal apunta a conocer por individuo o grupo familiar (obteniéndose el ingreso per cápita), cómo son los ingresos de los agentes y su relación con el resto. Así, se establecen ordenamientos desde los que menos hasta los que más ganan, y ello permite conocer no sólo los niveles de ingreso sino, principalmente, la relación de los ingresos de cada franja de población respecto a las demás. Lo más usual es dividir a los individuos en quintiles o deciles.

Así, por ejemplo, en la Argentina el INDEC tiene publicado como último dato el tercer trimestre de 2012, cuando los resultados registraron que el 10% de mayores ingresos se apropia del 30,8% de los ingresos, mientras que el 10% de menores ingresos se queda sólo el 1,2%. La diferencia entre ambos, entonces, es de 25 veces.


Esta diferencia, que sin duda parece significativa, era aún mayor en 2003, ya que llegaba a 34 veces según la misma fuente. Pero en 1998 se ubicaba en 22 veces, por lo que si bien la tendencia parece mostrar mejorías, resta un trecho importante aún.

También puede analizarse la distribución por deciles en diferentes países, tal como lo hace CEPAL para 2010:


Resulta de sumo interés considerar conjuntamente a estos países de la región latinoamericana, pues permite ver la monstruosa desigualdad existente en economías como Bolivia, Colombia o Brasil, mientras que se denota mucho más moderada en Venezuela o Uruguay.

De este enfoque se desprende un indicador sumamente utilizado para medir la desigualdad: el coeficiente de Gini que mide la distribución de cada economía respecto de escenarios de perfecta igualdad. De acuerdo a su formulación, el coeficiente varía entre 0 (igualdad total) y 1 (desigualdad total), siendo sus valores reales entre 0,2 los países con menor desigualdad y 0,60 o algo más para los más desiguales. 

Aquí, por ejemplo, UNICEF presenta estimaciones del Gini para una porción importante de los países del mundo. En su página 28 muestra los Ginis por regiones, evidenciando aquéllo que siemrpe se remarca: América Latina es una de las regiones más desiguales del planeta -en este caso la más desigual, superando al continente africano.


También se puede consultar la base de datos del Banco Mundial

A pesar de su extendido uso, el Gini cuenta con algunas debilidades que están señaladas aquí, y son las siguientes (transcribimos):

Limitaciones del índice de Gini
- Puede obtenerse un mismo índice de Gini para distribuciones diferentes del ingreso. Por ejemplo, si el 50% de los hogares no tiene ingreso y el otro 50% concentra toda la riqueza, se obtiene un índice de Gini de 0.5. Por otro lado, un país donde el 75% de los hogares solo posee el 25% de la riqueza, mientras que el otro 25% de individuos concentra el 75% del ingreso, posee un índice de Gini también de 0.5.

- La medida del coeficiente arroja resultados diferentes cuando se aplica a las personas en lugar de a los hogares, para la misma economía y distribución del ingreso.

- No tiene en cuenta la calidad de vida, acceso a servicios básicos ni el nivel de ingresos respectivo de cada país. Por ejemplo, un estado sumamente pobre como Bangladesh (PIB per cápita de 1.693 dólares) tiene el mismo coeficiente de Gini que un país mucho más rico como Holanda (con un PIB per cápita de 42.183 dólares).

- El índice puede modificarse debido a variaciones en las tasas de natalidad (por ejemplo cuando un país experimenta un baby-boom), aunque el ingreso de los adultos permanezca constante. Es decir cambios en la estructura de la población, tales como aumento del número relativo de jóvenes (bajos ingresos en relación a los adultos) pueden generar empeoramientos inexistentes en la distribución del ingreso. Es por esto que lo que realmente importa.

- El índice puede aumentar cuando todos los individuos ven aumentar sus ingresos o puede reducirse cuando todos los individuos ven empeorar sus ingresos.

- La disponibilidad de datos a veces vuelve imposible la construcción de dicho índice para períodos largos de tiempo.

- Dado que mide la riqueza relativa y no la absoluta, es posible que el índice aumente (debido a un aumento en la desigualdad entre los ingresos) aunque al mismo tiempo la cantidad de personas en la pobreza se reduzca.



Distribución funcional

La distribución funcional, por su parte, se preocupa por cómo se apropian de la riqueza los dos principales grupos sociales de una economía: los trabajadores asalariados y los empresarios en tanto propietarios del capital. Elementalmente, analiza en qué proporción la riqueza se divide en salarios y la suma de ganancias, beneficios, renta, etc, vinculadas a la propiedad. Esto último se sintetiza como Superávit Bruto de Explotación o Excedente Bruto de Explotación. Además, puede incluirse el ingreso de los cuentapropistas como un tercer elemento a considerar. Una introducción al tema está en el trabajo del CEPED, que contiene estadísticas de largo plazo para la Argentina.

Así, se puede decir que el ingreso total (asimilabre al PIB) se constituye como

Y = S + SBE + IMB

donde S=masa salarial, SBE=superávit bruto de explotación, IMB=ingreso mixto bruto (de cuentapropistas)

Por lo tanto,  S/Y y SBE/Y serán las proporciones en que cada grupo logra apropiarse del ingreso.

Una gran ventaja que tiene este enfoque es que permite analizar de maneras muy sencillas y directas la puja distributiva, en la que ambos sectores intentan, en la medida en que la correclación de fuerzas se lo permite, mejorar su posición relativa: los trabajadores a través de mejoras salariales (nominales) y los empresarios a través de, principalmente, incrementos de precios. En este sentido, la inflación es una manifestación de esta puja distributiva.

Es usual para los análisis de distribución funcional el seguimiento del cociente S/Y de manera de conocer cómo se comporta la participación asalariada en los ingresos en determinado período de tiempo en un país, o para comparar entre países, o ambas cosas a la vez.

Por ejemplo, en este trabajo, la misma gente del CEPED compila información muy interesante, entre ella este cuadrito que muestra la evolución de la participación asalariada en países varios para la segunda mitad del siglo XX


Si bien se pueden destacar muchas cuestiones de interés con la simple lectura del gráfico, una mirada superficial permite ver que:
1) los países de la periferia (Argentina, Brasil, México) muestran fuertes oscilaciones, mucho mayores que las de los países centrales. Esto está vinculado a causas diversas, entre las cuales las continuas interrupciones de la institucionalidad, los cambiantes programas económicos y el impacto de los vaivenes internacionales juegan un rol importante.
2) La Argentina termina el siglo con la participación asalariada más baja de todos los países considerados, incluyendo a México
3) En todas las economías con la única excepción de Japón, se denota una tendencia decreciente -casi un derrumbe- en la participación asalariada desde principios de los 80s. Esto está vinculado con la implantación del programa económico neoliberal a escala global, uno de cuyos principales objetivos, precisamente, era el de reducir los salarios y la capacidad de los trabajadores de influir en la economía.

La distribución funcional, por otra parte, no es capaz de discriminar dentro del universo de ingresos considerado cuando existen heterogeneidades. Por ejemplo, cuando el mundo asalariado presenta gran dispersión de ingresos (trabajadores formales sindicalizados en sectores de alta tecnología tienen ingresos mucho más elevados que los empleados domésticos, etc).

No todos los cambios distributivos son captados por ambos enfoques. Considerados en simultáneo, podría darse una situación que mejore en un caso y empeore en el otro. Por ejemplo, en un contexto de fuerte heterogeneidad salarial, si aumentan sólo los salarios más altos de los trabajadores registrados, puede que se incremente inicialmente la participación asalariada en el ingreso pero empeore la distribución personal ya que serían los deciles 9 y 10 los perceptores de esos incrementos.

Con todo esto, finalmente cabe aclarar que, aún siendo un elemento crucial para conocer los verdaderos efectos de una política económica y/o los resultados de asignación que el mercado provee para los agentes, la distribución de ingresos más o menos desigual no agota de ninguna manera el análisis sobre las condiciones de vida de la población y sus mayores o menores posibilidades de acceso a las mismas oportunidades y servicios, que están vinculadas al rol del Estado, al programa implementado, la estructura económica y las relaciones de fuerza entre los grupos y fracciones de clase de la sociedad.

Se puede decir que el "olvido" de los estudios sobre la distribución de la riqueza es absolutamente funcional al estado de cosas vigente, con lo que beneficia a los sectores más favorecidos y perjudica a los más vulnerables.

Distribución primaria y secundaria

Para finalizar este post, vale la pena comentar que los análisis sobre distribución del ingreso, también diferencian entre "distribución primaria" y "distribución secundaria" como una manera de separar dos dimensiones: la que realiza originalmente "el mercado", con una relación de fuerzas dada entre el capital y el trabajo, y la que se produce en segunda instancia a través de diversas transferencias entre las que sobresalen aquéllas vinculadas a la política fiscal. 
Según este esquema, la relación salarios-ganancias determina la distribución primaria y luego básicamente es el Estado el que interviene generando medidas redistributivas. Supongan, por ejemplo, que con un Impuesto a las Ganancias o Derechos de Exportación el Estado financiase una asignación social del tipo AUH de Argentina o Bolsa Familia de Brasil. En ese caso, desde el enfoque de la distribución personal, estaría captando recursos desde el decil 10 y redirigiéndolos hacia los deciles que están más abajo. Desde el enfoque de la distribución funcional, está captando recursos del SBE y reasignándolos a los sectores trabajadores.

Los países difieren grandemente en qué tipo de distribución primaria conforman (el mercado laboral japonés, por caso, tiene índices de desigualdad mucho más bajos que el boliviano), y también existen grandes diferencias en las acciones redistributivas de la política fiscal, que además varían en los distintos períodos históricos. Precisamente, para poder comprender las etapas de la historia económica y social de un país, una región o el mundo todo, es fundamental incorporar analíticamente la distribución del ingreso como un elemento ineludible. 






Riqueza, producto y valor agregado: algunos datos


En términos estandarizados, se llama Producto Interno Bruto a la suma de todo el valor de los bienes y servicios finales producidos dentro de las fronteras de un país en un período de tiempo (convencionalmente, anual).

El valor que alcance la estimación del PBI, así, pretende captar toda el valor agregado generado en un país (sin importar si los agentes son nativos o extranjeros), de forma tal que es la medición más usual para captar la riqueza que una economía produce cada año.

El PBI es una de las estimaciones más importante del Sistema de Cuentas Nacionales, y así especificado, la ecuación contable equivalente en su versión más sencilla es:

PBI = C + I + G + X - M           a esto se lo conoce como ecuación macroeconómica fundamental

donde C= consumo privado, I= inversión bruta interna fija privada, G= consumo del sector público, X= exportaciones (consumo del resto del mundo), M= importaciones (consumo de bienes producidos fuera de las fronteras nacionales).

La estimación y publicación está en manos del INDEC, que publicó en su informe del segundo trimestre de 2015 el siguiente gráfico con la evolución del PBI real de la Argentina:
Acompañado por el siguiente texto:

que indica el comportamiento general y desagregado.


Para versiones más precisas, podemos decir que la actividad económica puede captarse en precios corrientes o constantes (o sea, nominal o real), a precios de mercado, costo de factores, que implican quitar o adicionar impuestos, también Interno o Nacional o también Bruto o Neto. Pero el PBI a precios de mercado en precios constantes es la medición más utilizada.

Los componentes del PBI son las variables macroeconómicas más comentadas en general: el consumo, la inversión, el gasto público, el comercio exterior. El desempeño de éstas influirá en la actividad y traccionará más o menos al crecimiento económico. Y son los ejes de discusión de cualquier artículo al respecto.

El PBI también es muy utilizado para analizar diferencias entre países, tanto los valores reales ajustados a una moneda común (dólares por ejemplo) como los ajustados por la población, el PBI per cápita.

Por ejemplo, acá el Banco Mundial publica datos de casi todos los países, que permiten hacer comparaciones interesantes.

Así como el uso del PBI como indicador básico está universalizado, también tiene problemas de concepción que no siempre se tienen en cuenta. Acá listan algunos de ellos:

El uso del PIB per cápita como medida de bienestar es generalizado. Pero estas cifras deben ser observadas con cuidado, debido a las siguientes causas:

No tiene en cuenta la depreciación del capital (Aquí se incluyen tanto maquinaria, fábricas, etc., como así también recursos naturales y también se podría incluir al "capital humano"). Por ejemplo, un país puede incrementar su PIB explotando en forma intensiva sus recursos naturales, pero el capital del país disminuirá, dejando para generaciones futuras menos capital disponible.
No tiene en cuenta externalidades negativas que algunas actividades productivas generan, por ejemplo, la contaminación ambiental.
No tiene en cuenta la distribución del ingreso. Los pobladores de un país con igual PIB per cápita que otro pero con una distribución más equitativa del mismo disfrutarán de un mayor bienestar que el segundo.
La medida del PIB no tiene en cuenta actividades productivas que afectan el bienestar pero que no generan transacciones, por ejemplo trabajos de voluntarios o de amas de casa.
Actividades que afectan negativamente el bienestar pueden aumentar el PIB, por ejemplo divorcios y crímenes.
Ignora el endeudamiento externo. El PIB de una país aumentará si el gobierno o las empresas dentro del mismo toman préstamos en el extranjero, obviamente, esto disminuirá el PIB en períodos futuros.

Por éstas y otras cuestiones es que hay muchos que cuestionan el uso del PBI como indicador de "riqueza" y mucho menos de "bienestar". Un interesante y famoso aporte aquí